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Zinc, disbiosis y SIBO: una relación que no debemos ignorar

El SIBO favorece la deficiencia de zinc, y la deficiencia de zinc, a su vez, compromete la integridad de la barrera intestinal y la función inmunitaria local, facilitando la persistencia de la disbiosis

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Zinc, disbiosis y SIBO: una relación que no debemos ignorar
El SIBO genera malabsorción, inflamación y pérdidas de zinc, mientras que la falta de zinc debilita la barrera intestinal y favorece la persistencia de la disbiosis, creando un círculo vicioso. (SHUTTERSTOCK)

En los últimos años, el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO, por sus siglas en inglés) ha dejado de ser un diagnóstico marginal para convertirse en una condición cada vez más reconocida en la práctica clínica.

Se trata de una forma específica de disbiosis intestinal caracterizada por un aumento anormal de bacterias en el intestino delgado, una región que fisiológicamente contiene una carga microbiana mucho menor que el colon.

Los síntomas incluyen distensión, gases, diarrea o estreñimiento, dolor abdominal y, en muchos casos, malabsorción de nutrientes.

Uno de los hallazgos clínicos que se repite con frecuencia en pacientes con SIBO es la presencia de deficiencias micronutricionales, entre ellas, la deficiencia de zinc. Lejos de ser un dato incidental, esta asociación tiene bases fisiopatológicas sólidas.

La función del zinc

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Infografía

El zinc es un mineral esencial involucrado en más de 300 reacciones enzimáticas y en la regulación de la expresión génica. Es fundamental para la integridad de la barrera intestinal, la función inmunitaria y la reparación tisular.

El epitelio intestinal depende del zinc para mantener la estructura de sus uniones estrechas (tight junctions), que actúan como una barrera selectiva entre la luz intestinal y el torrente sanguíneo.

La deficiencia de zinc se ha asociado con aumento de la permeabilidad intestinal y alteraciones en la respuesta inflamatoria local (Sturniolo et al., 2001; O’Connor et al., 2020).

Desde el punto de vista microbiológico, tanto la deficiencia como el exceso de zinc pueden modificar la composición del microbioma.

Modelos experimentales han demostrado que dietas bajas en zinc reducen la diversidad bacteriana y alteran la abundancia relativa de grupos microbianos clave, generando perfiles asociados con inflamación intestinal (Reed et al., 2015; Zackular et al., 2016).

Qué significa una deficiencia de zinc

En el contexto específico del SIBO, existen varios mecanismos que explican la frecuente deficiencia de zinc.

  • Primero, el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado puede interferir con la absorción normal de micronutrientes. Las bacterias compiten por nutrientes presentes en la luz intestinal, incluyendo minerales como el zinc.
  • Segundo, la inflamación crónica de bajo grado y el daño de la mucosa alteran la superficie absortiva, disminuyendo la eficiencia en la captación de micronutrientes.
  • Tercero, la diarrea crónica —cuando está presente— puede aumentar las pérdidas intestinales de zinc.
  • Asimismo, la deficiencia de zinc es bien reconocida en enfermedades inflamatorias intestinales, donde se ha asociado con mayor actividad inflamatoria y peor evolución clínica (Siva et al., 2017).

Lo relevante es que esta relación puede convertirse en un círculo vicioso: el SIBO favorece la deficiencia de zinc, y la deficiencia de zinc, a su vez, compromete la integridad de la barrera intestinal y la función inmunitaria local, facilitando la persistencia de la disbiosis.

Es importante aclarar que el zinc no constituye un tratamiento aislado para el SIBO. La terapia estándar continúa basándose en intervenciones dirigidas al sobrecrecimiento bacteriano —como antibióticos específicos o estrategias dietéticas—.

Sin embargo, ignorar una deficiencia de zinc puede dificultar la recuperación completa del paciente. En personas con síntomas persistentes, recaídas frecuentes o signos de malabsorción, evaluar el estado de micronutrientes puede ser una pieza clave del abordaje integral.

Siempre la suplementación debe individualizarse y basarse en evaluación nutricional y parámetros bioquímicos, evitando tanto la deficiencia como el exceso, ya que concentraciones elevadas de zinc también pueden alterar la microbiota y favorecer desequilibrios (Zackular et al., 2016).

TEMAS -

Especialidad en Nutriología Clínica en INTEC. Master en Nutrición y Alimentación en Universidad de Barcelona (UB). Ejerce su práctica profesional en NEP CENTER.