El alto costo que pagan las mujeres después de la menopausia para cuidar su salud
Las mujeres en perimenopausia y menopausia son el grupo que más dinero destina mensualmente a productos y servicios vinculados con la longevidad

Cuando llega la menopausia el cuerpo y la mente se vuelven más demandante, y ese proceso trae consigo nuevos retos que encierran mayores consultas médicas, los tratamientos, los suplementos y la búsqueda de alternativas para preservar la salud y la calidad de vida.
Sin embargo, pese a ser las consumidoras más activas de soluciones relacionadas con la longevidad, las mujeres que atraviesan esta etapa se encuentran entre las menos satisfechas con las opciones disponibles.
La información sale de una investigación global de Boston Consulting Group (BCG), que identifica una brecha de aproximadamente 350 mil millones de dólares en el mercado de la longevidad femenina.
El estudio The $350 Billion Longevity Mismatch in Women’s Health, elaborado para el St. Moritz Longevity Forum y basado en una encuesta a 10,608 personas de 12 países, pone cifras a una realidad que trasciende los síntomas propios de la menopausia.
Las mujeres están dispuestas a invertir más en su salud, pero consideran que las soluciones existentes todavía no responden de manera suficiente a sus necesidades.
Una etapa que aumenta el gasto
Las mujeres en perimenopausia y menopausia son el grupo que más dinero destina mensualmente a productos y servicios vinculados con la longevidad. La mediana del gasto alcanza los 84 dólares al mes (5,044.20 pesos dominicanos), frente a 68 dólares entre otras mujeres (4,083.40 pesos dominicanos) y 73 dólares entre los hombres (4,383.65 pesos dominicanos).
Y la cifra podría ser todavía mayor. De acuerdo con la investigación, aproximadamente una de cada tres mujeres de este grupo estaría dispuesta a incrementar su gasto hasta unos 108 dólares mensuales si encontrara productos o servicios capaces de ofrecer mejores resultados.
El dato resulta significativo porque muestra que el problema no parece estar únicamente en la disposición de las mujeres a invertir en su bienestar, sino en la existencia de alternativas que consideren de manera integral las particularidades de esta etapa.
Las mujeres en perimenopausia o menopausia adoptan intervenciones relacionadas con la longevidad, entre ellas suplementos, servicios especializados y tratamientos, entre 15 y 22 puntos porcentuales más que otros grupos de mujeres y que los hombres. En promedio, además, han probado 3.3 intervenciones más que otras mujeres y 2.9 más que los hombres.
A pesar de ese nivel de consumo, la satisfacción se mantiene alrededor del 50 %, sin superar la registrada por los demás grupos.
El interés comienza mucho antes
Uno de los hallazgos que plantea el estudio es que la conversación sobre longevidad femenina podría estar llegando demasiado tarde.
La investigación señala que el interés de las mujeres por su salud a largo plazo suele intensificarse alrededor de los 36 a 38 años, una etapa relacionada con cambios hormonales y desafíos asociados a la fertilidad.
Estos acontecimientos incrementan en ocho puntos porcentuales el interés por la salud futura, casi el doble del efecto observado durante la menopausia.
En los hombres, un cambio comparable se produce aproximadamente una década después.
“Las empresas suelen empezar a hablar con las mujeres sobre salud a largo plazo cuando llegan a la menopausia, pero la verdadera ventana de oportunidad se abre aproximadamente diez años antes”, señaló Parul Bajaj, managing director y partner de BCG y coautora del informe.
Para la especialista, uno de los principales puntos ciegos consiste en considerar los cambios hormonales que aparecen a mediados de los treinta como situaciones temporales, en lugar de reconocerlos como un momento importante para la salud futura.
Cuando las necesidades no son escuchadas

La brecha tampoco se limita al acceso a productos y tratamientos. También alcanza la atención médica.
Según la encuesta de BCG, solo el 63 % de las mujeres consulta a un médico ante afecciones hormonales como el síndrome de ovario poliquístico, la endometriosis o la menopausia. La proporción aumenta hasta el 78 % cuando se trata de enfermedades cardiovasculares.
Pero incluso entre quienes buscan ayuda por problemas hormonales persiste otra dificultad: sentirse escuchadas.
Solo el 72 % de estas mujeres afirma haberse sentido tomada en serio por los profesionales de la salud, frente al 85 % de quienes consultan por síntomas relacionados con el corazón.
La diferencia plantea una pregunta que va más allá del costo económico: ¿cuánto termina pagando una mujer cuando una necesidad de salud no es identificada o atendida oportunamente?
Una industria que todavía tiene una deuda
“Durante décadas, las mujeres han tenido que adaptarse a sistemas de salud que no fueron diseñados en torno a sus necesidades biológicas”, afirmó Trish Stroman, managing director y senior partner de BCG y coautora del reporte.
A su juicio, cerrar esta brecha requiere más investigación, una mejor formación de los profesionales de la salud y una participación más activa de las mujeres en la definición de las soluciones de longevidad que se desarrollan y financian.
El problema también tiene una dimensión científica. Laure Bezert, managing director y partner de BCG, señaló que la salud femenina se está convirtiendo en uno de los segmentos de mayor potencial dentro de la economía de la longevidad, pero advirtió sobre las barreras que todavía existen para acceder a soluciones relevantes y respaldadas por evidencia.
Una de ellas es la limitada representación femenina en la investigación clínica. De acuerdo con el informe, en Estados Unidos las mujeres representan, en promedio, apenas el 40 % de los participantes en ensayos clínicos.
Más que vivir más, vivir mejor

La discusión sobre longevidad suele asociarse con la posibilidad de vivir más años. Para las mujeres, sin embargo, los datos de BCG plantean una conversación diferente: no se trata únicamente de prolongar la vida, sino de contar con herramientas para atravesar sus distintas etapas con salud y calidad de vida.
La menopausia puede convertirse así en un punto de inflexión para revisar hábitos, prevenir enfermedades y buscar atención especializada. Pero los datos sugieren que esa conversación debería comenzar mucho antes.
Las mujeres ya están invirtiendo en ello. Gastan, prueban tratamientos, buscan información y están dispuestas a aumentar ese gasto. Lo que todavía reclaman es que ese esfuerzo se traduzca en soluciones más eficaces, accesibles y ajustadas a sus necesidades.
El costo de la menopausia, por tanto, no se mide únicamente en dólares. También puede medirse en consultas, tratamientos, productos, tiempo, incertidumbre y, sobre todo, en la brecha que existe entre lo que las mujeres necesitan y lo que el sistema de salud y el mercado han logrado ofrecerles.
