¿Cómo mantener la buena nutrición en el regreso a clases?
La doctora Scarlet Miranda, especialista en Nutrición, responde a preguntas sobre la merienda escolar, a propósito del inicio del año escolar 2026

Para quien se preocupa por crear hábitos de alimentación saludable en sus hijos, el regreso a clases puede convertirse en un dolor de cabeza, porque una cosa es lo que se le enseña en el hogar y otra en el plantel educativo, donde las cafeterías y la lonchera de los otros estudiantes son el vivo ejemplo de lo que no se debe consumir.
Abundan los snacks en fundas, llenos de conservantes y colorantes, los "juguitos", que suelen ser extractos azucarados con sodio, y los más esforzados preparan su mangú o puré de papa con salami o salchicha.
El tema puede ser complejo y amerita la conciencia de todos, por lo que entrevistamos a la doctora Scarlet Miranda, especialista en Nutrición, para arrojar luz sobre el asunto:
¿Qué deben tomar en cuenta los padres para un regreso a clases con alimentación saludable?
No necesitamos preparar la lonchera perfecta; necesitamos una lonchera que el niño pueda disfrutar y que poco a poco incluya más alimentos reales: frutas, queso, yogur natural, huevo, panes o preparaciones caseras, según sus preferencias y necesidades.
Y algo muy importante: no intentemos cambiar todo de la noche a la mañana. Si un niño está acostumbrado a llevar determinadas galletas, jugos o productos empacados, sustituirlos todo el primer día probablemente generará rechazo.
Podemos comenzar haciendo pequeños cambios: mantener un alimento conocido e incorporar otro de mejor calidad nutricional, cambiar gradualmente las bebidas azucaradas por agua o reducir su frecuencia.Los buenos hábitos se construyen con constancia, no en una semana.

¿Cómo lidiar con las "malas" influencias que son las loncheras de compañeros con alimentos ultraprocesados?
Es inevitable que un niño vea lo que comen sus compañeros y quiera probarlo. Más que convertir ciertos alimentos en "prohibidos", debemos enseñarles sobre frecuencia y equilibrio. No queremos que el niño sienta que comer saludable es un castigo.
También podemos hacer que su propia lonchera sea atractiva. Saludable no tiene que significar aburrido: variar las presentaciones, involucrarlo en la compra, permitirle escoger entre dos opciones o preparar versiones caseras de algunas meriendas que le gustan puede hacer una gran diferencia.
La idea es que aprenda a disfrutar sus alimentos, no que sienta que siempre está perdiéndose lo que comen los demás.
¿Cómo elegir alimentos que sean realmente saludables, sin dejarse confundir por la publicidad engañosa?
Un consejo sencillo para los padres es no guiarse únicamente por lo que dice la parte delantera del empaque. Palabras como "natural", "con vitaminas", "para niños", "integral" o "sin azúcar añadida" no necesariamente convierten un producto en una opción saludable.
Hay que leer la parte de atrás y comparar. Revisar los primeros ingredientes y la tabla nutricional, prestando atención especialmente a los azúcares añadidos, el sodio y las grasas saturadas.
Tampoco tenemos que obsesionarnos contando cada número: mientras más alimentos frescos o mínimamente procesados incluyamos en la compra familiar, menos dependeremos de productos que necesitan convencernos, a través de un empaque, de que son saludables.
Cómo acompañar a los niños en el cambio de colegio
¿Cómo identificar la merienda ideal para cada etapa infantil?
Más que buscar una fórmula exacta para cada edad, debemos pensar en tres cosas: porción, seguridad y necesidad. Un niño pequeño necesita cantidades menores, alimentos fáciles de manipular y especial cuidado con aquellos que puedan representar riesgo de atragantamiento.
Un escolar que permanece más horas en el centro o practica deportes puede necesitar una merienda más completa.
Una estrategia práctica es combinar dos o tres elementos: una fruta, una fuente de proteína como queso o yogur y, cuando sea necesario, una fuente de carbohidratos.
Y no olvidemos algo básico: agua. Muchas veces nos concentramos tanto en qué poner de comer que terminamos enviando jugos o bebidas azucaradas diariamente, cuando el agua debería ser la principal fuente de hidratación.

El mercado está lleno de yogures que nutricionalmente terminan siendo agua con azúcar. ¿Cómo saber cuál está menos procesado para el consumo infantil ideal?
Aquí sí vale la pena detenerse unos segundos y comparar etiquetas. Podemos tomar dos o tres yogures y mirar cuánta proteína y cuánto azúcar contienen en porciones similares, además de revisar su lista de ingredientes.
Como base, prefiero yogures naturales o griegos, con una lista sencilla de ingredientes y sin grandes cantidades de azúcares añadidos.
Si al niño inicialmente le resulta muy ácido, no tenemos que obligarlo a aceptarlo de inmediato: podemos acompañarlo con frutas que ya le gusten y hacer la transición progresivamente. El paladar también se educa, pero necesita tiempo.
¿Qué se debe tener en cuenta en niños con autismo?
En niños con TEA, antes de retirar o introducir alimentos debemos conocer su repertorio alimentario: qué come, qué rechaza y qué características tienen los alimentos que acepta. Muchas veces encontramos patrones relacionados con textura, color, temperatura, olor, marca o incluso la manera en que se presenta el alimento.
Si queremos ampliar su alimentación, podemos partir de algo conocido y realizar modificaciones pequeñas. Y un punto muy importante: la lonchera escolar no debería convertirse en el escenario principal para experimentar con alimentos completamente nuevos.
En la escuela necesitamos garantizar que el niño tenga opciones que conocemos y sabemos que puede consumir. La ampliación del repertorio puede trabajarse progresivamente, sin presión y de acuerdo con las necesidades particulares de cada niño.
Regreso a clases: cinco consejos a tomar en cuenta para estudiantes con TDAH
Pese a la información que se ofrece a los centros educativos, a veces los niños tienen acceso a alimentos que no deben consumir. ¿Cómo diseñar una estrategia de alimentación que se pueda cumplir dentro del plantel?
Una recomendación es entregar al centro una indicación corta, visual y específica. Debe quedar claro qué alimentos puede consumir el niño, cuáles debe evitar y qué alternativa se le puede ofrecer si surge una actividad especial. También es importante que exista una persona responsable de manejar esa información.
Además, podemos anticiparnos. Si habrá un cumpleaños, excursión o actividad escolar, la familia puede enviar previamente una alternativa apropiada cuando sea necesario. Mientras menos decisiones tenga que improvisar el personal del colegio, más fácil será cumplir el plan. La estrategia debe ser sencilla y aplicable a la realidad del centro educativo.
Las alergias alimentarias suelen afectar a las personas con el espectro autista. ¿Qué protocolo deben tener el centro, el niño y los padres?
Cuando existe una alergia alimentaria confirmada, el centro necesita información muy concreta: qué alimento produce la reacción, cuáles son las posibles fuentes de exposición, cómo reconocer los primeros síntomas y qué hacer si ocurre una reacción. También debe prestarse atención a situaciones cotidianas como compartir meriendas, recipientes o utensilios entre compañeros.
Si el niño tiene indicada medicación de rescate, esta debe estar disponible y el personal correspondiente debe conocer el protocolo establecido para utilizarla. En niños con TEA hay otro aspecto que debemos considerar: algunos pueden tener dificultades para comunicar picazón, dolor, dificultad respiratoria u otras molestias.
Por eso, familia y escuela deben conocer también cómo ese niño suele expresar que algo no está bien.
El protocolo debe ser individualizado y conocido por las personas que estarán directamente con el niño. En una alergia alimentaria, la prevención es fundamental, pero también lo es saber exactamente cómo actuar si ocurre una exposición accidental.

Mayra Pérez Castillo