Y a los padres, ¿quién los prepara para el regreso a clases?
La vuelta a la rutina escolar también supone un proceso de adaptación para los adultos, que deben reorganizar horarios, responsabilidades y dinámicas familiares sin dejar de lado su bienestar emocional

El regreso a clases no solo supone un cambio de rutina para los niños. Para muchos padres, también marca el inicio de semanas de despertarse más temprano, meriendas por preparar, carreras para llegar al colegio a tiempo y una larga lista de tareas y pendientes que se suman a las actividades especiales.
Todo esto implica que los adultos también deben prepararse para una transición que puede resultar exigente. Aunque volver a una rutina más estructurada puede generar una sensación de orden y estabilidad, también puede venir acompañado de estrés y preocupación.
Para Natasha Díaz, psicóloga y terapeuta familiar y de pareja de @mentalmenterd, es importante reconocer que la vuelta a clases implica un período de adaptación que no solo viven los estudiantes.
“Los padres deben reorganizar simultáneamente diferentes áreas de la dinámica familiar. Tienen que coordinar sus responsabilidades laborales y personales con los horarios escolares, las tareas, el transporte y, en muchos casos, las actividades extracurriculares de sus hijos”, explica.
Esta acumulación de responsabilidades puede traducirse en cansancio, frustración y la sensación de estar constantemente resolviendo pendientes, especialmente cuando gran parte de la carga recae sobre una sola persona.
A esto se suma que, después de varias semanas de horarios más flexibles, tanto el cuerpo como la familia necesitan volver a adaptarse a nuevos hábitos de sueño, alimentación y organización.
“Es importante entender que no todo tiene que funcionar perfectamente desde el primer día. La rutina puede restablecerse de manera progresiva”, señala Díaz.
Involucrar a toda la familia
Uno de los errores más frecuentes al prepararse para el regreso a clases es que los adultos asuman toda la responsabilidad sin involucrar a los niños y adolescentes.
“Los niños y adolescentes también atraviesan un proceso emocional de adaptación. Pueden sentir entusiasmo, pero también ansiedad o preocupación por sus compañeros, los cambios de curso, nuevos maestros o mayores exigencias académicas”, apunta.
“Delegar no significa perder el control. Significa distribuir adecuadamente las responsabilidades para disminuir la sobrecarga y, al mismo tiempo, fomentar la autonomía dentro de la familia”, explica Díaz.
Para hacerlos parte del proceso, recomienda permitirles participar en aspectos como la organización de sus útiles y su mochila, la preparación del uniforme o la elección de algunos materiales. “También es importante preguntarles cómo se sienten y validar sus emociones, en lugar de enfocarse únicamente en lo académico y logístico”, afirma.
Los adultos también pueden distribuirse tareas específicas y apoyarse mutuamente en aspectos como el transporte, las comidas y las actividades de los hijos. En ese sentido, la especialista aconseja planificarse con anticipación.
“Organizar semanalmente las comidas, los horarios de transporte, las actividades extracurriculares y los compromisos familiares puede reducir considerablemente la sensación de estar resolviendo situaciones de último minuto”.

El estrés de los padres afecta a los hijos
La preparación emocional de los padres también influye en la manera en que los niños enfrentan el período escolar.
“Cuando un padre enfrenta el regreso a clases con preocupación excesiva, irritabilidad o mensajes constantes sobre lo difícil que será la rutina, el niño puede comenzar a vivir el inicio escolar como una situación amenazante o estresante”, advierte.
Por el contrario, transmitir seguridad, organización y confianza puede ayudar a los hijos a afrontar la transición con mayor tranquilidad. Esto, aclara la psicóloga, no implica ocultar las emociones o fingir que no existen retos.
“Los padres pueden reconocer que habrá desafíos, pero transmitir al mismo tiempo que la familia cuenta con los recursos necesarios para adaptarse y resolverlos”, sostiene.
Una transición gradual
Recuperar la rutina de un día para otro puede resultar difícil. Por eso, la recomendación es comenzar algunos días antes del inicio de clases con pequeños ajustes en los horarios y la organización del hogar.
Díaz sugiere modificar gradualmente las horas de dormir y despertar, preparar con tiempo los materiales escolares y planificar aspectos como la alimentación y el transporte. También es importante definir las responsabilidades de cada miembro de la familia.
“Cuando cada integrante sabe lo que le corresponde hacer, disminuyen las discusiones, los recordatorios constantes y la sensación de sobrecarga”, afirma.
Para la especialista, la rutina debe funcionar como una estructura que facilite la vida familiar y no como un sistema rígido que genere tensión. Mantener cierto grado de flexibilidad permitirá enfrentar mejor los imprevistos propios de la cotidianidad.
Señales para buscar ayuda
Irritabilidad constante, cansancio físico y emocional, dificultad para dormir, poca tolerancia ante situaciones cotidianas, discusiones frecuentes en el hogar o una sensación permanente de estar desbordado son algunas de las señales que pueden indicar que el estrés está afectando demasiado a un padre.
También puede aparecer el agotamiento parental o burnout, especialmente cuando una persona siente que debe responder de forma constante a múltiples demandas sin contar con suficiente descanso, apoyo o espacios personales.
“Cuando el estrés comienza a afectar significativamente el estado de ánimo, las relaciones familiares, el desempeño laboral o la capacidad de disfrutar de las actividades cotidianas, es importante revisar la distribución de responsabilidades y buscar estrategias de autocuidado y apoyo”, indica Díaz.
Si estos síntomas persisten o aumentan, la especialista recomienda considerar el acompañamiento profesional.

Laura Ortiz Güichardo