La calidad de la educación: ¿para qué educamos?
Medir la educación por sus fines constitucionales y su impacto social

Ante una pregunta de un amigo, miembro del CNE cuyo papel lo desempeña con mucha propiedad, sobre mi opinión sobre el concepto calidad de la educación, le manifesté que, a mi juicio, la calidad de un sistema educativo debe valorarse, fundamentalmente, por su capacidad para cumplir los fines que la Constitución y las leyes de cada país le asignan a la educación. No se trata simplemente de disponer de buenos edificios, docentes titulados, tecnologías modernas, currículos actualizados o elevados presupuestos. Todos estos elementos son importantes, pero constituyen medios para alcanzar propósitos superiores. La calidad se expresa, en última instancia, en lo que la educación logra hacer por las personas y por el conjunto de la sociedad.
Si un país establece como propósitos fundamentales de su educación la formación integral del ser humano, la equidad, la preparación para incorporarse al trabajo productivo y la formación de ciudadanos con convicciones democráticas, el sistema educativo debe organizar sus políticas, recursos, instituciones y prácticas pedagógicas para alcanzar esos objetivos. Si consigue formar personas íntegras, capaces de desarrollar sus potencialidades, participar productivamente en la sociedad, respetar los derechos de los demás y ejercer responsablemente sus libertades democráticas, estaremos ante un sistema que cumple su misión y puede considerarse de calidad.
A esta concepción agregaría dos condiciones indispensables: la pertinencia y la equidad.
La pertinencia supone que la educación debe guardar correspondencia con las necesidades, características y aspiraciones del contexto social, económico, cultural y territorial en el que se desarrolla. No podemos aspirar a una educación de calidad si sus contenidos, métodos y propósitos permanecen desvinculados de la realidad de los estudiantes y de las transformaciones de la sociedad. La escuela debe preparar para comprender el mundo, participar en su transformación y contribuir al desarrollo de las comunidades y del país. Esto implica, además, desarrollar competencias que faciliten la incorporación al trabajo productivo, el emprendimiento, la innovación y el aprendizaje permanente, cada vez más indispensable ante la rapidez con que se produce el conocimiento y la innovación tecnológica.
La equidad, por su parte, constituye una condición irrenunciable. Ningún niño, adolescente o joven debe quedarse atrás en el proceso educativo por razones económicas, sociales, culturales, territoriales, físicas, raciales o de cualquier otra naturaleza. Todos deben disponer de las oportunidades y los apoyos necesarios para alcanzar el máximo desarrollo de sus potencialidades intelectuales, físicas, emocionales y sociales, sin discriminación alguna. Equidad no significa ofrecer exactamente lo mismo a todos, sino reconocer las diferencias y proporcionar a cada estudiante lo que necesita para aprender y desarrollarse plenamente.
Un sistema que ofrece oportunidades de calidad solamente a una parte de la población no puede considerarse verdaderamente equitativo. Darle más al que menos tiene es lo fundamental para lograr la equidad, la igualdad de oportunidades.
Otro componente que adquiere cada vez mayor importancia es la capacidad de adaptación de la educación a los cambios científicos, tecnológicos y culturales. Vivimos en una época de transformaciones aceleradas, en la que los conocimientos, las ocupaciones y las formas de relacionarnos cambian continuamente. La inteligencia artificial, en particular, está modificando la producción, la comunicación, la investigación y los procesos de aprendizaje. Por ello, ningún sistema educativo puede considerarse de calidad si permanece indiferente ante estas transformaciones.
La incorporación de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías no debe limitarse a dotar de dispositivos a las escuelas o introducir herramientas digitales en las aulas. Supone revisar los modelos pedagógicos, actualizar los currículos, transformar la formación inicial y continua de los docentes y desarrollar nuevas competencias en los estudiantes. También exige enseñar a utilizar estas herramientas de manera crítica, ética y responsable, distinguiendo la información confiable de la desinformación y evitando que la tecnología sustituya el pensamiento propio, la creatividad y las relaciones humanas.
Es obvio que la evaluación del aprendizaje de los alumnos en un contexto influenciado por la IA debe cambiar. No es suficiente la entrega de un trabajo final, por ejemplo, sino que el docente debe cuestionar sobre las bases teóricas y merodológicas que lo sustentan, ver en realidad cómo el alumno explica y defiende verbalmente sus propuestas, su tesis.
La educación no puede preparar a las nuevas generaciones exclusivamente para los empleos existentes, sino también para ocupaciones que todavía no conocemos y para una sociedad en constante transformación. Aprender a aprender, pensar críticamente, resolver problemas, comunicarse y aprender a convivir, aprender a ser, serán capacidades cada vez más necesarias, como bien lo predijo Delors( 1996) en su informe para la UNESCO denominado la Educación Encierra un Tesoro, un visionario adelantado a su época
Las evaluaciones nacionales e internacionales, deben ocupar un lugar importante en la valoración de la calidad, aportan evidencias sobre los aprendizajes y permiten identificar debilidades y oportunidades de mejora. Sin embargo, sus resultados no deben convertirse en la definición misma de calidad. Son instrumentos para orientar las decisiones, no fines educativos.
Considero, en fin, que la calidad de la educación se expresa en la capacidad de un sistema para cumplir las finalidades que la sociedad le ha encomendado, responder pertinentemente a las necesidades de su contexto, adaptarse a las transformaciones del conocimiento y la tecnología y garantizar que todos sus ciudadanos, sin exclusión, puedan desarrollar al máximo sus capacidades y potencialidades, sus talentos.
La calidad no consiste solamente en enseñar más, disponer de mejores recursos o alcanzar buenos resultados en las pruebas. Consiste, sobre todo, en lograr que todos aprendan, se desarrollen integralmente y estén en condiciones de construir una vida digna, contribuir al bienestar colectivo y a la paz.

Ángel Hernández
Ángel Hernández