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Omar Fernández y las lisonjas del lobo

No todo el que elogia a Omar Fernández lo apoya, pues algunos lo exaltan para apartar a Leonel y podrían convertirlo mañana en su próximo blanco

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Omar Fernández y las lisonjas del lobo
Omar y Leonel Fernández: sumar fortalezas para la victoria de la Fuerza del Pueblo. (CEDIDA POR LA FP)

En los medios de opinión electrónicos, programas digitales y redes sociales se repite con creciente insistencia que Omar Fernández sería la carta presidencial de la Fuerza del Pueblo para 2028, y aunque muchos de esos elogios nacen del reconocimiento sincero de sus cualidades, otros podrían ser regalos envenenados, cuyo propósito no sería impulsar al hijo, sino apartar del camino a Leonel Fernández, expresidente de la República y líder de la organización.

Distinguir unos de otros no exige sospechar de todo el que prefiera a Omar, sino aplicar una prueba sencilla, que consiste en observar si para elogiar al hijo se necesita descalificar sistemáticamente al padre, porque quien admira de verdad al senador no requiere demoler a Leonel, mientras que quien utiliza esa admiración como instrumento revela su propósito en la insistencia con que presenta el retiro del líder como condición indispensable para alcanzar el poder.

Esa distinción debe acompañar a la Fuerza del Pueblo en todos sus niveles, desde el simpatizante más humilde hasta su dirección nacional, puesto que existen compañeros y ciudadanos sin militancia que creen honestamente en Omar y consideran, con argumentos legítimos de renovación generacional o de cálculo electoral, que podría facilitar una victoria, de modo que esa preferencia merece ser escuchada y debatida sin convertirla en sospecha de deslealtad o maniobra divisionista.

Esta reflexión reconoce los méritos propios de Omar y sus posibilidades de crecimiento, incluida una eventual candidatura presidencial, aunque él mismo ha pedido respetar el calendario electoral, al tiempo que reivindica el liderazgo de Leonel como referente intelectual y aspirante de la organización, y precisamente porque ambos representan un patrimonio político valioso, corresponde examinar con cuidado las intenciones de quienes procuran convertir sus respectivas fortalezas en razones para enfrentarlos ante la militancia y la opinión pública.

Cuando exaltar a uno sirve para disminuir al otro

La advertencia apunta a un sector cuyo entusiasmo por Omar parece determinado, principalmente, por su rechazo a Leonel, y que encuentra en ciertos espacios de opinión electrónicos una caja de resonancia permanente, donde la exaltación del hijo funciona como instrumento para erosionar la autoridad del padre, de manera que la pregunta pertinente consiste en saber cuánto de ese elogio responde a una adhesión genuina y cuánto a una vieja aversión.

Bajo esa lógica, una escogencia de Omar permitiría a esos actores dar por cumplida una parte de su objetivo estratégico, que no es otro que sacar del medio al líder, aunque nada garantizaría después la continuidad de sus elogios, ya que podrían volverse contra el propio Omar tan pronto como su candidatura, sus posiciones o su autonomía dejaran de servir a los intereses que motivaron aquella promoción tan entusiasta.

Ahí cobra sentido la fábula de Caperucita Roja, porque el lobo no ataca a la niña en el bosque, sino que la halaga, le sugiere el camino de las flores y la utiliza para llegar primero a su verdadero objetivo, y al final no perdona a nadie. El cuento, por tanto, no habla de ingenuidad, sino de un método en el que el elogio sirve para alcanzar un fin que el elogiado no ve.

Parte de esa operación podría encontrar vehículos en influencers, comentaristas y líderes de opinión digitales que presentan como convicción personal una orientación favorable a intereses de terceros, y aunque sería irresponsable atribuir esa condición a todo comunicador que prefiera a Omar, también resultaría ingenuo descartar la intermediación política, por lo que conviene observar la persistencia de los mensajes, sus coincidencias de lenguaje y la frecuencia con que, para exaltar al hijo, atacan al padre.

Un protagonismo para ampliar el proyecto colectivo

Frente a esas maniobras, la mejor respuesta de la Fuerza del Pueblo no consiste en frenar a Omar, sino en asignarle una responsabilidad nacional que aproveche su capacidad de acercamiento a jóvenes, independientes y ciudadanos que todavía no se identifican con la organización, ya que su proyección puede ensanchar la base social del partido y convertir las simpatías personales que despierta en confianza duradera hacia un proyecto colectivo.

Ese protagonismo podría expresarse en una agenda de diálogo con universidades, organizaciones juveniles, profesionales, emprendedores y comunidades, mediante la cual escuche sus preocupaciones y las convierta en propuestas concretas sobre empleo, vivienda, educación y oportunidades, de manera que, junto a su labor en el Senado, Omar fortalezca su experiencia política y ayude a que el partido conecte con expectativas que trascienden su militancia tradicional.

Una responsabilidad de esa naturaleza permitiría que su liderazgo crezca con contenido propio y en coordinación con Leonel y la dirección partidaria, preservando sus posibilidades presentes y futuras, porque de cara a 2028 la tarea no consiste en escoger entre la experiencia del líder y el atractivo del senador, sino en sumar ambas fortalezas para ampliar las opciones de victoria de la Fuerza del Pueblo frente a sus adversarios.

Por eso, la Fuerza del Pueblo debe acompañar el crecimiento de Omar sin permitir que otros le dicten el ritmo, y él merece apoyos que permanezcan cuando defienda sus propias convicciones, no solo cuando sirva a cálculos ajenos, pues quienes hoy lo exaltan para apartar a su padre podrían mañana convertirlo en su próximo blanco. Hay regalos que llegan perfumados de admiración, pero llevan por dentro el veneno de la división.

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