La entrevista que multiplicó las preguntas
El rol del periodismo frente a las declaraciones de imputados en crímenes de alto impacto

Kevin Dariel Germán Troncoso intentó presentarse ante el país como un joven contratado para transportar en motocicleta a otra persona. Sin embargo, mientras más detalles ofreció sobre el ataque contra el merenguero Julián Oro Duro y su esposa, Zeneida Socorro Castillo, más difícil resultó sostener la imagen de un acompañante circunstancial.
Su propio relato lo coloca dentro de la vivienda, frente a una mujer atacada, durante varias horas de espera y en la posterior huida. La entrevista que parecía destinada a reducir su responsabilidad terminó multiplicando las preguntas.
Según su versión, le ofrecieron 20 mil pesos para transportar a un hombre que mantuvo el rostro cubierto. Asegura que llegaron a la residencia alrededor de las cinco de la tarde, que Zeneida conocía al supuesto agresor, conversó con él e incluso les preparó una limonada.
Después, siempre de acuerdo con su narración, la mujer fue atacada. Lejos de abandonar el lugar, pedir ayuda o avisar a las autoridades, Germán Troncoso permaneció allí durante horas, mientras se esperaba la llegada de Julián Oro Duro. Cuando el artista regresó cerca de la una de la madrugada, también fue agredido y despojado de varias pertenencias. Finalmente, los involucrados escaparon.
Esa secuencia no describe simplemente una carrera en motocicleta.
Un transportista puede desconocer las intenciones de su pasajero. Esa posibilidad debe contemplarse. Pero cuando entra a una vivienda, presencia una agresión, permanece junto al atacante, espera la llegada de una segunda víctima y huye después de otro hecho violento, la explicación del “simple motorista” comienza a derrumbarse por el peso de su propia historia.
La justicia deberá establecer cuál fue su participación y determinar si conocía previamente el plan. No corresponde a los medios declararlo culpable ni asignarle una responsabilidad que todavía debe ser probada. Pero respetar la presunción de inocencia no significa renunciar a las preguntas elementales.
¿Por qué aceptó 20 mil pesos por un traslado? ¿Quién lo contrató? ¿Qué explicación recibió sobre la naturaleza del encargo? ¿Por qué entró a la casa? ¿Qué hizo después de ver a Zeneida atacada? ¿Intentó comprobar si continuaba con vida? ¿Por qué no escapó ni pidió ayuda? ¿Recibió parte del dinero o de las prendas sustraídas?
La entrevista no respondió satisfactoriamente esas interrogantes.
En cambio, Germán Troncoso atribuyó la planificación a un supuesto exchofer del artista, identificado como “Peña”, y descargó la violencia sobre el hombre que afirma haber transportado. Su estrategia narrativa resulta evidente: admite aquello que posiblemente pueda comprobarse mediante cámaras, llamadas o geolocalización, pero desplaza hacia otros la planificación, el conocimiento previo y la ejecución material.
Puede estar diciendo la verdad, una parte de ella o una versión cuidadosamente construida para disminuir su responsabilidad. Precisamente por eso sus declaraciones deben contrastarse con evidencias y no repetirse como hechos establecidos.
Una persona investigada no es una fuente neutral. Habla desde su interés en defenderse y evitar las consecuencias más graves. Sus señalamientos pueden aportar pistas, pero no convierten automáticamente en responsables a las personas mencionadas ni lo transforman a él en un simple testigo.
También resulta reveladora su afirmación de que “esta fue mi primera vuelta”. La expresión no constituye una negación de su participación en el hecho investigado. Intenta, más bien, rechazar que estuviera vinculado con casos anteriores. En una tragedia donde una mujer perdió la vida y otra persona resultó gravemente herida, hablar de una “vuelta” evidencia la perturbadora normalización con la que algunas personas describen acciones delictivas de enorme gravedad.
La difusión de una entrevista de esta naturaleza también plantea un desafío para el periodismo. Informar sobre una declaración de interés público es válido; convertirla en una confesión-espectáculo, no. Una familia enfrenta las consecuencias de un crimen brutal. La búsqueda de audiencia no puede borrar a la víctima ni permitir que el presunto implicado controle por completo el relato.
El periodismo no debe sustituir al Ministerio Público ni competir con los tribunales. Tampoco puede limitarse a sostener un micrófono mientras una persona investigada distribuye responsabilidades sin ser confrontada con las contradicciones de su propia versión.
Corresponderá a las autoridades probar quién planificó el asalto, quién ejerció la violencia y cuál fue la actuación de cada involucrado. Las cámaras de seguridad, los registros telefónicos, la geolocalización y las evidencias forenses tendrán mayor valor que cualquier entrevista.
Pero algo quedó claro después de escuchar a Kevin Germán: él no cuenta lo sucedido desde lejos. Lo narra desde dentro.
Y quien permaneció durante horas en una vivienda donde una mujer había sido atacada no puede limitarse a explicar quién sostuvo el arma. También debe responder por qué llegó, por qué se quedó, qué hizo mientras esperaba y por qué huyó.
La justicia determinará su responsabilidad penal. La sociedad, mientras tanto, tiene derecho a no confundir una estrategia de defensa con la verdad.

Luisana Lora Perelló