¿Cuándo podemos decir que estamos en crisis?
La incertidumbre global obliga a pasar de la reacción a la planificación empresarial

En estos días es difícil no hacerse esa pregunta. Las noticias se suceden en la pantalla y nos movemos entre lo real y las fake news. Los referentes de la inteligencia artificial advierten sobre los riesgos de lo que están creando; la guerra en Medio Oriente amenaza con llevar el petróleo a 120 dólares por barril; y la sequía reduce el flujo marítimo por el Canal de Panamá, con posibles efectos sobre las cadenas de suministro.
A esto se suman el aumento de los fertilizantes, la posible escasez y encarecimiento del espacio de carga para nuestras exportaciones, la posibilidad de nuevas alzas de tasas en Estados Unidos y sus efectos sobre nuestra economía.
Esta semana, la Organización Mundial del Comercio (OMC) también advirtió sobre las múltiples disrupciones presentes y futuras. Hay aranceles que aumentan en mercados críticos y barreras no arancelarias que persisten en otros.
Pero la crisis no comienza el día en que todo se paraliza. Para una empresa, comienza cuando cambian las condiciones sobre las cuales tomó sus decisiones y continúa operando como si nada hubiera cambiado. No podemos esperar a que llegue la crisis para actuar ante las señales de alerta. Hace tiempo aprendimos que la incertidumbre es parte de la nueva normalidad. Eso exige más preparación y menos reacción.
La propia OMC ofrece una aparente contradicción del momento. Por un lado, el comercio mundial continúa creciendo, pero las amenazas que enfrenta el sistema son de las mayores en sus 80 años de historia.
La OMC destaca también la importancia creciente de las exportaciones de servicios, especialmente de los servicios digitales. Debemos preguntarnos ¿qué estamos haciendo para aprovechar esa transformación? ¿Dónde están los incentivos, la aceleración de los programas de formación, mecanismos de financiamiento adecuados y un esfuerzo coordinado para promover empresas y servicios dominicanos, más allá de atraer inversión extranjera?
El presidente del Grupo BHD, Luis Molina Achécar, planteó recientemente la necesidad de avanzar en educación, innovación y productividad. Son factores esenciales no solo para mantener el crecimiento económico, sino también para aumentar nuestra capacidad de resistir los choques externos e internos.
Preparación y diversificación deben convertirse, por tanto, en palabras clave. Como país necesitamos ampliar nuestras alternativas de mercado. La OMC señala que alrededor del 72 % del comercio mundial de mercancías todavía se realiza bajo sus reglas básicas de nación más favorecida. Los acuerdos y las reglas importan.
Pero abrir mercados no significa solamente negociar nuevos tratados de libre comercio. Podemos fortalecer nuestro sistema sanitario y fitosanitario, eliminar obstáculos que impiden el acceso de productos dominicanos y avanzar en acuerdos fitosanitarios concretos, especialmente con nuestros vecinos del Caribe.
También debemos reconocer el creciente papel de los servicios en toda la economía. Incorporar tecnología a la agricultura, diseño a un producto o innovación a la manufactura es también agregar servicios y valor a nuestras exportaciones y mitigar riesgos.
Para las empresas, el principio es el mismo. No hay que esperar una crisis para planificar distintos escenarios, identificar proveedores alternativos, proteger liquidez y márgenes, y diversificar mercados, productos y modelos de negocio.
Un acontecimiento aislado probablemente no produce una crisis. Pero la acumulación de varios, sostenidos en el tiempo, sí puede quebrar empresas y economías.
No debemos esperar a que todo se paralice para acelerar las políticas, las decisiones y, sobre todo, las acciones.

Taiana Mora Ramis