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NO es un cuento chino: mi experiencia con una yipeta Haval H6

¿El riesgo es la marca china o el servicio posventa?

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NO es un cuento chino: mi experiencia con una yipeta Haval H6

A mediados de noviembre de 2025 decidí comprar mi primer vehículo cero kilómetros. Hasta entonces nunca había sido una prioridad. Preferí asegurarme un techo propio y viajar más que un piloto de aerolínea.

Recorrí concesionarios sin una marca ni un modelo definidos. Solo tenía una condición: quería una yipeta amplia.

En una de esas visitas apareció ella. La vi de lejos y me hizo volver la cabeza más de una vez. Cuando abrí la puerta y conocí el interior, supe que estaba perdida. Fue amor a primera vista.

Había un inconveniente: jamás había oído hablar de esa marca.

—¿Y eso qué es? —le pregunté al vendedor.

Me explicó que era una Haval, fabricada en China y representada en República Dominicana por Bonanza Dominicana, bajo su división Cathay Group. Sin discursos de venta ni promesas grandilocuentes, solo me dijo:

Móntese y dé una vuelta.

La manejé. Potencia, comodidad, tecnología. Incluso se estacionaba sola. Pero mientras el vehículo respondía impecablemente, mi cabeza iba por otro carril. ¿Qué pasará cuando necesite una pieza? ¿Habrá técnicos preparados en República Dominicana para atender un vehículo así? ¿Cuánto perderá de valor con los años? Y, sobre todo, ¿estará el servicio posventa a la altura del producto?

El precio rondaba los dos millones de pesos. Me ocurría lo que dice la canción: me asusta, pero me gusta.

Antes de irme, el vendedor añadió un dato inquietante. Solo quedaban unidades modelo 2025 y ni siquiera la casa matriz podía confirmar cuándo llegarían las 2026.

Me fui convencida de que no la compraría. Pero la duda empezó a perder terreno frente a la curiosidad

Investigué, hablé con propietarios de vehículos chinos, comparé especificaciones, leí experiencias de usuarios en República Dominicana y otros países de América Latina, probé modelos de distintas marcas y encontré que Great Wall Motor aparecía con frecuencia entre los fabricantes mejor valorados. Además, la representación recaía en Bonanza Dominicana, una empresa con presencia en el mercado antes de yo nacer. Eso inclinó la balanza.

Compré una Haval H6 modelo 2025.

Nunca imaginé que el mayor riesgo no estaba bajo el capó, sino detrás del mostrador del taller.

La primera decepción llegó incluso antes de recibirla. Aunque el vehículo estaba pagado, tuve que esperar hasta el 30 de enero de 2026 para que me la entregaran.

Dos meses después, todavía disfrutando la luna de miel con mi carro nuevo, ocurrió lo impensable: me chocaron. No tuve responsabilidad alguna.

Y entonces comenzó el verdadero recorrido.

La cotización de los daños —indispensable para que la aseguradora iniciara el proceso— tardó casi un mes. Después me informaron que tres piezas no estaban disponibles y que tendría que esperar hasta el 20 de junio. Tras reclamar, me aseguraron que desmontarían esas piezas de una unidad nueva para evitar una espera tan prolongada.

Creí en la promesa. Ese fue mi error.

Desde entonces he recibido una cadena de fechas incumplidas. Cada nueva promesa sustituye a la anterior con la misma facilidad con que se cambia una cita en el calendario.

Hoy, después de más de tres meses de espera, miles de pesos gastados en taxis y largas esperas bajo el intenso calor para abordar el autobús del corredor, vuelvo mentalmente a aquella prueba de manejo y descubro que formulé la pregunta equivocada.

No debí preguntarme si podía confiar en una marca china. Debí preguntarme si podía confiar en el servicio que la respaldaba. Porque, mientras esa respuesta llega, no tengo vehículo ni siquiera para irme a comer una comida china.

TEMAS -

Licenciada en Comunicación Social, con más de 15 años de experiencia en periodismo digital. Magister en Marketing Digital y Redes Sociales.