Pintura, economía y surrealismo
El cuadro de los indicadores económicos

Recurriendo a cifras contables, algunos analistas sostienen que todo marcha bien en la economía nacional. Hacen sus cálculos en una clara mañana. Dicen que la economía debe ser analizada en ciclos y que no estamos en los peores de esta década. Recurren a cifras de numerosas instituciones: el Banco Central, por ejemplo.
Hay una diferencia entre un cuadro surrealista y un compendio de cifras publicado por esta institución. La economía nacional no tiene mucho que ver con los surrealistas franceses. ¿O sí? Habremos firmado un pacto con el PIB para que este dé vueltas y vueltas y termine en un dibujo surreal?
Con varias teorías a cuestas, los surrealistas vinieron antes en el pasado siglo XX. Para que tengamos memoria, alguno recuerda a André Breton y otros, entre los que me incluyo, a Philippe Sollers. En ese libro que habré dejado en otra parte, se hablaba del Nouveau Roman. Otro famoso autor, no surrealista pero sí francés, fue Alain Robbe-Grillet quien escribió Jugar con Fuego, La bella cautiva y La inmortal. Este recordado autor también escribió importantes guiones de cine, como El año pasado en Marienbad, película dirigida por Alain Resnais en 1961. No podemos olvidar a Boris Vian y su A tiro limpio también traducida como "Jaleosas Andadas" y "Temblor en los Andes" en otras ediciones. Estos libros los tuve en años universitarios. Mi interés inicial era la economía y la literatura me cercaba con la ayuda de algunas bibliotecas.
Si aterrizamos un poco, llegaremos a la conclusión de que el PIB no es un indicador surrealista. Aborda la realidad más dura. Nuestro amigo admitirá que de lo que se trata es de lo más real. Podemos hablar del tabaco, el cacao y el café, o lo que producimos en Zonas Francas. Otro aclarará que las cifras sirven para comparar naciones que elaboran (en agudos laboratorios) los indicadores que muestran el avance o el retroceso. Admiten que de lo que se trata es de que la economía marche bien y que los actores estén bien informados.
Que todo marche bien en el gobierno de Donald Trump es algo que no sabemos si James Patterson, autor de innumerables obras, quiere. Patterson, como cualquier ciudadano, tiene sus propias ideas. Si nos atenemos a las cifras, lo que ocurre en la economía importa a una gran parte de los ciudadanos. Que nuestra economía marche bien es un deseo de todos por aquel corolario que estableciera que en casa del herrero se desean metales para elaborar puertas y muebles. Usamos el PIB no como medida de lo surreal: nada de escritura automática. Los números representan una determinada cantidad de productos.
Si verificamos los datos, nos daremos cuenta que en el Banco Central tienen claro que la economía marcha diseccionada en sus cifras; que vaya bien es un imperativo moral categórico. Algún analista social nos explica que cuando Trujillo las finanzas fueron bien manejadas y que Joaquin Balaguer tenía la clásica y manida economia del colmado, algo que entusiasma a algunos microhistoriadores. Algunos economistas argumentan que necesitamos energía para manejar la economía y que hemos luchado debido a ese aserto. Podemos hablar de las plantas y cómo nos hemos convertido en un país con más energía que en 1984, para decir una fecha. Pero todavía tenemos apagones, me dirá alguno.
Para acotar algo lógico, podemos deducir que la economía marcha bien o mal es el terreno de los economistas políticos. Sacan de la faltriquera una serie de argumentos para decirnos que podemos hacerlo mejor: que en el gobierno de Hipólito Mejía se tenía tal o cual nivel de administración de las finanzas públicas. Otro dirá que en el gobierno de Danilo Medina se consiguieron estos y otros logros; nada que ver con un cuadro de Miró o nada que ver con la conocida La Persistencia de la Memoria. Alguno sostendrá que durante los últimos 20 años, en República Dominicana se ha avanzado a pasos agigantados. Que la economía marche bien se ha convertido en la preocupación nodal de muchos ciudadanos con cierto dominio de la teoría económica y de la economía política, aunque de lo que se trate sea de exponer estos argumentos en la Cafetería del Nacional, o entender cómo vamos a aterrizar luego de tantos vericuetos.
En lejanas épocas, los surrealistas tenían muchos métodos para hacer sus obras: nada que ver con contabilizar la renta nacional neta, o con la elaboración de un programa tributario que examine las capacidades de los contribuyentes. Economistas y planificadores se han dado la mano y atisban un análisis que nos parece bien llamado. Nada que ver con lo que decía André Breton en el siglo XX: nada de hacer que la pintura se le deje al azar porque en tiempos de economía, éste no logrará que las empresas triunfen y que los actores económicos lleguen a fin de mes con el beneplácito de haber vivido una buena jornada.

León de Moya