×
Versión Impresa
Día Jueves, 19 de Febrero de 2026 Edición 7251.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

Santo Domingo, ciudad de palabras

Santo Domingo se convierte en el epicentro de la literatura con el festival Mar de Palabras

Expandir imagen
Santo Domingo, ciudad de palabras
La literatura toma la voz y el ritmo de Santo Domingo en un festival inolvidable. (LEONID ANDRONOV)

Hay ciudades que no se visitan: se leen, se escuchan, se sueñan. Santo Domingo, la capital de la República Dominicana, es una de ellas. En ella el mar no es un paisaje, es una forma de pensamiento. Y el pensamiento, cuando llega al Caribe, se vuelve humedad, ritmo, una herida luminosa que no cicatriza porque no quiere. En ese contexto ha tenido lugar el festival literario Mar de Palabras, una celebración literaria que no pretende ordenar el mundo, sino abrirlo. Escritores de distintas geografías han llegado como quien llega a una casa que ya estaba dentro de uno mismo. No hay extranjería en la palabra cuando la palabra es verdadera.

Santo Domingo aparece entonces como una respiración antigua. Sus calles coloniales no son un decorado: son una memoria que camina. La ciudad habla con una mezcla de hierro y azúcar, de historia y música. Uno escribe aquí como si escribiera dentro de un tambor, como si cada frase tuviera que atravesar un cuerpo antes de convertirse en sentido. La ciudad no se deja resumir: se impone como un exceso de luz que obliga a cerrar los ojos para poder verla. 

El festival ha sido también una forma de encuentro. Los escritores invitados —poetas, narradores, ensayistas— han intervenido en estupendos conversatorios como quien arroja botellas al mar sabiendo que el mar ya las estaba esperando. Hay algo profundamente democrático en la literatura cuando se dice en voz alta bajo el calor: las palabras dejan de ser propiedad del autor y pasan a ser clima, humedad, calor, trópico. He pensado, mientras escuchaba algunas lecturas, que toda literatura es un intento de salvar algo que se está perdiendo. Pero en Santo Domingo nada parece perdido del todo: todo está en tránsito, todo está a punto de convertirse en otra cosa. Incluso el silencio tiene música aquí, una música que no necesita intérprete. En ese instante la literatura deja de ser objeto y se convierte en respiración compartida.

Mar de Palabras, el gran festival internacional de literatura de Santo Domingo, es una manera de afirmar que la belleza todavía puede reunirse en un lugar concreto, aunque sea por unos días, aunque luego todo vuelva a dispersarse. Y sin embargo algo queda. Queda una frase, un gesto, una voz que no era la nuestra y ahora lo es. Queda también la sensación de haber estado cerca de una verdad que no se deja atrapar del todo. Santo Domingo insiste. Como insisten los recuerdos que no han terminado de suceder. Como insiste el mar cuando golpea la costa sin pedir permiso. Y en esa insistencia, la literatura encuentra su forma más pura: la de seguir hablando cuando ya no hay nada que explicar, la de seguir ardiendo suavemente en la memoria de quienes la escucharon. Y por supuesto, la pileta del hotel Kimpton, allí me di los mejores baños del mundo.

__________

 Publicado en La Vanguardia.

TEMAS -