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A ley de una llamada

La falsa neutralidad de un deporte que se arrodilla ante el peso político

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A ley de una llamada
La FIFA confirmó que Folarin Balogun podrá disputar el partido de octavos de final entre Estados Unidos y Bélgica, pese a haber sido expulsado en el encuentro anterior frente a Bosnia y Herzegovina. (FUENTE EXTERNA)

Eso lo resuelvo con una llamada. Con esa frase, el poder se abre paso por donde quiera, sin importar regla, costumbre o precedente. El objetivo que se ponga en la mira lo alcanza por una fuerza que se ejerce de todas las maneras que la imaginación pueda recrear.

La construcción social que hace este planeta todavía algo más o menos vivible se ha levantado sobre la base del diálogo y los acuerdos que han parido una serie de normas para que, precisamente, nos preservemos como especie. Cuando esas herramientas se rompen, se ponen en riesgo o se ven amenazadas, se suele generar una especie de caos, un hábitat donde el poder se siente cómodo y aprovecha para imponer su voluntad.

Una llamada bastó para cargarse años de jurisprudencia del TAS, para desnudar las fragilidades del Derecho del Deporte, el debido proceso y los trabajos que en esas instancias se implementan para garantizar todos los principios que hacen de cualquier competencia un espacio justo.

El relato que está ganando este partido se desarrolla lejos de la cancha, ausente de la pelota y de cualquier buen valor que ha hecho de este juego el más popular de todos. Que Florian Balogun haya podido disputar el partido de anoche con su selección es el reflejo de que el mundo se va quedando sin contrapesos, también dentro de espacios como el deporte donde parecería, pero no, moverse por intereses distintos.  

El sociólogo francés Pierre Bourdieu, de manera magistral, explicó en reiteradas ocasiones al deporte como un campo de poder, cuestionando la idea de que existan espacios completamente separados de la política, y haciendo énfasis en que, por más que se trabaje por presentarlo como apolítico, es una pretensión de neutralidad que suele favorecer al orden establecido, impidiendo que veamos las influencias que lo atraviesan.

Haber permitido el malabarismo interpretativo para suspender la sanción de una expulsión decidida en el terreno de juego es un atentado a la institucionalidad en todo su conjunto, pues ahora, ¿cómo se le impide a cualquier selección con suficiente peso político o mediático intentar obtener el mismo tratamiento? Bueno, a lo mejor, a través de una llamada.

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Apasionado del fútbol en todas sus facetas.