VIDEO | “Mi hermano era ladrón, pero no tenían que matarlo así”: familia cuestiona versión policial
Judith Estévez reconoce los antecedentes de Aneury Santiago Cabrera Estévez, pero niega que enfrentara a tiros a los agentes del Dicrim en el ensanche La Paz
Exige investigar su muerte
La última vez que Judith Estévez vio con vida a su hermano menor le pidió que se entregara. Aneury Santiago Cabrera Estévez había llegado a su casa cerca de la medianoche, se sentó en una escalera y le solicitó un cigarrillo.
Ella aprovechó para insistirle en que se pusiera a disposición de las autoridades, que lo buscaban por varios hechos delictivos.
La conversación terminó en una discusión. Aneury, conocido en su barrio como “La Araña”, se negó a regresar a prisión y le pidió que lo dejara tranquilo. Horas después, la tarde del martes, murió tras ser baleado por agentes de la Dirección Central de Investigación (Dicrim) en el ensanche La Paz, del Distrito Nacional.
La Policía sostiene que disparó contra una patrulla. Su hermana rechaza esa versión y asegura que estaba desarmado.
Judith no intenta ocultar su historial. Reconoce que robaba, consumía drogas y había pasado buena parte de su vida en prisión. Lo que cuestiona es la actuación de los agentes.
“Yo no defiendo lo mal hecho. Yo soy realista y digo la verdad que mi hermano era ladrón”, expresó. “Ellos no tenían que matarlo así. Porque él tiene familia. Él tiene una hija que estudia medicina. Y él tiene dolientes”.
La noticia mientras cocinaba
Judith estaba cocinando en su vivienda de El Manguito cuando escuchó que posiblemente habían matado a su hermano. Su suegra llamó a su esposo y le pidió que no se lo comunicara de inmediato, pero el teléfono estaba en altavoz.
La descripción de la ropa aumentó sus sospechas: una gorra roja y una chaqueta negra con un detalle blanco. Era lo mismo que Aneury llevaba durante su visita de la madrugada.
Después recibió un video y reconoció su manera de caminar. Una lesión en el fémur le provocaba cojera.
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La noticia trajo también la preocupación por los gastos funerarios. Judith, de 46 años, padece hipertensión y diabetes; sus hijos le pidieron que mantuviera la calma.
“Aunque digan lo que digan, a mí me duele”, manifestó.
Al recordar el último encuentro, contó que había observado por una cámara de seguridad a su hermano sentado en la escalera antes de marcharse. Ahora interpreta aquella visita, poco habitual a esa hora, como una posible despedida.
Los intentos de que se entregara
Según Judith, Aneury había estado recluido en Najayo, La Victoria, Anamuya y la cárcel modelo de La Romana. Aseguró que pasó diez años en Anamuya y que su condena más reciente fue de cinco años en La Romana, de donde había salido aproximadamente un mes antes.
Afirmó que sus antecedentes correspondían a robos y negó que hubiese cometido homicidios o utilizado armas de fuego.
“Él nunca mató, ni nunca apuñaló a nadie, como ellos quieren ponerlo. Ni nunca ha usado pistola”, sostuvo.
Ante las nuevas acusaciones, le ofreció acompañarlo para que se entregara.
“Si el problema es que tú no quieres entregarte con la Policía, yo te entrego. Yo tengo cómo entregarte y con quién entregarte. Yo te llevo yo misma al Palacio”, recordó que le decía.
También procuraba ayudarlo económicamente. Cuando salió de prisión, le compró una cama y otros artículos que necesitaba. Según explicó, no le faltaban alimentos ni un lugar donde vivir.
Judith recordó una etapa en la que su hermano montó un pequeño negocio de frituras. Aseguró que ese intento de cambiar terminó después de que unos policías le atribuyeran la posesión de drogas, acusación que considera falsa y por la que tuvo que pagar una multa y asistencia legal.
Las versiones sobre su muerte
El hecho ocurrió en la intersección de las calles Santa Cruz de Tenerife y Primera. En una nota de prensa, la Policía informó que Aneury falleció mientras recibía atenciones médicas, luego de resultar herido al enfrentar a tiros a miembros del Dicrim.
- La institución lo identificó con los alias de “Piraña” y “Lucifer” y señaló que era buscado mediante las órdenes de arresto 0003-OCTUBRE-2026 y 941-2019-TREB00021 por su presunta vinculación con asaltos a mano armada y robos con violencia.
Añadió que técnicos de la Policía Científica ocuparon en la escena una pistola RETAY XR, calibre .380, un cargador y tres cápsulas. Según el comunicado, el fallecido portaba el arma ilegalmente.
Una grabación difundida en redes sociales muestra a agentes disparando contra el hombre, sin que en el fragmento se observe que este saque un arma o dispare contra la patrulla.
Judith considera que esas imágenes contradicen el relato oficial. Interpreta que su hermano levantó una mano para pedir que no le dispararan y denunció que recibió cuatro impactos, algunos cuando ya estaba en el suelo.
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También rechazó los sobrenombres divulgados por la institución. Explicó que le decían “La Araña” porque, durante su reclusión en Najayo, acostumbraba trepar a las estructuras elevadas cuando se producían motines.
“Él no es el hijo del diablo. A él le decían La Araña”, expresó.
Existe, además, una diferencia sobre su edad: la Policía informó que tenía 38 años y su hermana aseguró que eran 41.
Los recuerdos en El Manguito
Aneury era padre de dos hijos. La mayor, de unos 22 años, estudia Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), según Judith. El menor tiene alrededor de nueve años y no mantiene contacto con la familia paterna.
En El Manguito, donde vivía solo con dos perros pequeños, algunos vecinos reconocen sus antecedentes, aunque describen una convivencia sin agresiones hacia ellos.
“Por lo menos a mí no me hizo daño. Y a mucha gente por aquí no le hizo daño”, dijo Tania Beltré.
Su esposo, Pedro Figueroa, relató que en una ocasión Aneury intervino para impedir que unos desconocidos asaltaran a un hombre mayor que llevaba alrededor de 180,000 pesos.
“No, aquí no, aquí no”, recordó que les decía a los asaltantes.
Tania contó que Aneury solía permanecer cerca de su vivienda y en ocasiones le aseguraba que estaba pendiente de cuidarla. Ambos dijeron que nunca lo vieron con una pistola, aunque Pedro afirmó haberlo visto portar un cuchillo pequeño.
Sangre en el pavimento y pocas respuestas
En la calle del ensanche La Paz donde cayó herido quedaba una mancha difusa de sangre cuando Diario Libre recorrió el lugar. Los residentes habían retomado sus actividades habituales, pero varios evitaron hablar de lo sucedido. Algunos dijeron que estaban fuera de sus casas; otros, que no habían visto nada.
Una señora que prefirió no identificarse contó que escuchó las detonaciones desde su galería y decidió no salir.
Otro residente, que también pidió reservar su identidad, situó el hecho alrededor de las 2:00 de la tarde. Según su relato, Aneury caminaba por la vía cuando los agentes lo interceptaron, le dispararon y luego lo subieron a una camioneta.
“Él andaba caminando y le dieron tres balazos y de una vez se lo llevaron”, afirmó.
El hombre aseguró que los robos de Aneury mantenían en zozobra a parte de la comunidad, pero dijo que nunca había presenciado un episodio semejante en esa calle.
“Yo voy a ir a la justicia”
Judith informó que su hermano fue trasladado al hospital Francisco Moscoso Puello y posteriormente al Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif). Denunció, además, que entre las pertenencias recuperadas no apareció su cédula, que, según dijo, había renovado recientemente.
Mientras prepara el sepelio para este jueves, reclama una investigación que esclarezca las circunstancias de la muerte y determine las responsabilidades de los agentes.
Su exigencia parte de una distinción que sostuvo durante la entrevista: admitir los delitos de Aneury no la obliga a aceptar la forma en que murió.
“Cada quien llora por su dolor”, concluyó.





Ana Carolina Cueva Valenzuela