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El país de los colegios Montessori

La educación Montessori promueve un aprendizaje autodirigido y personalizado, pero enfrenta desafíos en su implementación y regulación

El país de los colegios Montessori
El método Montessori crece en República Dominicana, pero sigue siendo un fenómeno de colegios privados. (DIARIO LIBRE/ADRIANA SUELS)

Una niña de dos años sale muy decidida de su salón de clases con una cubeta que contiene un poco de agua. Luego tiende un trapito blanco en un tendedero ajustado a su tamaño. Sus manos todavía actúan con cierta torpeza, pero logra colgar la pieza de tela y regresa al aula. Desde lejos, la profesora observa.

Es una escena común en los centros que implementan la metodología Montessori.

Según los registros del año escolar 2025-2026 de la Dirección de Reconocimiento y Acreditación de Centros Educativos Privados, del Ministerio de Educación (Minerd), en República Dominicana 48 centros educativos operan bajo la metodología Montessori. Sin embargo, una búsqueda realizada por Diario Libre en Google Maps arrojó 131 establecimientos.

De las 48 instituciones identificadas por el Minerd, ubicadas en Peravia, San Pedro de Macorís, La Romana, Santiago, Puerto Plata, La Altagracia, Santo Domingo, Monseñor Nouel o Monte Plata, todas imparten el nivel inicial; 42 ofrecen el nivel primario y 11 cuentan con el nivel secundario.

Aunque profesionales consultados para este reportaje coinciden en que en el país la educación Montessori sólo se orienta al preescolar y llega hasta algunos cursos de primaria.

El Minerd asegura que evalúa y supervisa estos sitios. “Respecto a los del sector público, no existe una clasificación basada en el método Montessori”, indican.

El levantamiento realizado por Diario Libre se efectuó en Google Maps, ya que fue la única plataforma que permitió obtener las coordenadas para ubicar cada institución en un mapa interactivo.

El número podría ser aún mayor, porque se encontraron más establecimientos en sitios web y redes sociales. Además, se excluyeron cinco centros que aparecían como “cerrados permanentemente”.

La mayor cantidad de colegios identificados por este medio se reúne en el Distrito, con 77, y una alta concentración en el Polígono Central. Le siguen la provincia Santo Domingo, con 24; Santiago, con siete, y La Altagracia, con seis.

Ni en el Sur Profundo, ni en la frontera aparecen centros Montessori registrados en Maps.

Mente absorbente

En el método Montessori, de la pedagoga María Montessori, el educador contempla sin intervenir de inmediato. Esto permite ver si el niño se autocorrige ante un error y ayuda a identificar cuáles van más avanzados o necesitan motivación en áreas específicas.

Rhina Espaillat fundó en La Vega la Escuela María Montessori en 1958, primera experiencia formal del modelo en el país. Le siguió en 1969 el Maternal Montessori, de Raquel Cuello. En 1971, el Centro Pedagógico Infantil María Montessori, por Carmen Elvia Rodríguez.

A diferencia de la educación tradicional, en Montessori el niño, no el maestro, ocupa el protagonismo. Así lo explican Isabel Santana y Carla Sofía Cruz, del centro Geist Montessori, donde reciben alumnos desde los seis meses hasta los seis años.

Según Cruz, trabajar con edades distintas en un mismo salón de clases permite que los más grandes refuercen a los pequeños. “El método observa el desarrollo de cada niño, evitando estandarizaciones y permitiendo ritmos propios”, refiere.

También se promueve el uso de madera y cristal, así como de salones grandes. Además, se utilizan materiales diseñados para trabajar los sentidos, la física, geometría y el vocabulario.

En una marquesina

Desde 1991, Ana Magaly Abreu y Elizabeth Román presiden el Preescolar Montessori.

Abreu explica que en ese método hay límites que ayudan a la autodisciplina y a la comunidad. “No puedo hablar de libertad sin la disciplina y viceversa”.

Para Román, un salón Montessori puede ubicarse en la marquesina de una casa si cuenta con materiales y un entrenamiento adecuado.

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De izquierda a derecha: Elizabeth Román y Ana Magaly Abreu, directoras del Preescolar Montessori. (DIARIO LIBRE/DARE COLLADO)

“Ojalá sean 300 escuelas [en el país] porque quienes serían más beneficiados son los niños y nuestra sociedad. El problema es que nada lo regula”, advierte la educadora.

Función del Estado

En el debate público suele fijarse el año 2015 como el punto de partida del Diseño Curricular del Nivel Inicial. Aun así, la historia de la educación parvularia formal se remonta a las grandes reformas del primer Plan Decenal de Educación, entre 1992 y 1993, cuando el Estado reconoció la necesidad de estructurar la enseñanza de la primera infancia.

Ahora su transformación más reciente, la Adecuación Curricular de 2023, rige en las aulas.

Un seguimiento más cercano ayudaría al Ministerio a contar con evidencia sobre si los alumnos de centros Montessori obtienen resultados diferentes a los de entidades que utilizan modelos convencionales.

Patricia Marrero y María del Carmen González del Rey dirigen el Liberi Montessori. Ambas conocen el método, ya que también se formaron en él desde bebés hasta los 12 años.

Según Marrero, el Minerd no exige ningún requisito específico para abrir un centro bajo el nombre de “Montessori”. Tampoco, refiere, hay personal certificado por la Asociación Montessori Internacional (AMI) para supervisar, evaluar y validar qué colegios cumplen con el método y cuáles no.

“Existen centros que desvirtúan el método al ofrecer ‘horas Montessori’ una vez a la semana, o que mantienen dinámicas tradicionales”, opina. “Tampoco fuera del país el nombre Montessori está registrado”.

Marta Vicente lidera el Centro de Estudios Montessori de Santo Domingo, con programas de formación docente respaldados por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec). Dice que, si un padre va a un establecimiento y solo encuentra salones con pupitres y mesas, junto a libros de preescolar y nada en los anaqueles, eso no es Montessori.

“Es un colegio tradicional que quiere ponerle Montessori para vender más”, lamenta. “Es el peor nivel. Pero hay escenarios intermedios, donde ponen un área de material sensorial, por ejemplo, de matemáticas. Pero de 40 materiales, solo hay cuatro. Entonces tampoco es Montessori”.

Advierte que, si generan indicadores dominicanos de supervisión de Montessori, se iría el 90 % porque la mayoría no cumple. Muchos establecimientos hacen lo que pueden. Otros no pueden comprar todo el equipo o formar a sus maestras.

Las raíces

El costo de la colegiatura se relaciona con lo que invierte un maestro en su educación.

Algunas de las maestras del Preescolar Montessori estudiaron en España, México o Estados Unidos. Ana Magaly Abreu y Elizabeth Román de Rivas se entrenaron en Puerto Rico. “Todo el que tenga diploma de la Asociación Montessori Internacional en este país estudió fuera”, relatan.

María del Carmen González del Rey explica que la formación es costosa, aparte de que también obliga a sumar costos adicionales de pasajes, estadía y comida. Obtener el título en el extranjero para un rango de edad específico —de 0 a 3 años, 3 a 6 años o de 6 a 12 años— cuesta entre 16,000 y 20,000 dólares.

Una de las maneras de obtener la formación en el país, sería con el curso que imparte Marta Vicente, a un costo de 800 dólares con certificado de Intec. Ella plantea dos problemas.

Uno tiene qué ver con las directoras que envían a sus profesoras a formarse y les hacen un contrato que estipula que deben permanecer en sus colegios por dos años. La docente obtiene el conocimiento y se va a cualquier centro que ofrezca más dinero.

“El curso es barato porque una maestra gana 20,000 pesos en el sector privado. [Nuestras estudiantes] pertenecen a colegios privados pequeños. A los grandes no les interesa innovar”.

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Un niño manipula botones en Geist Montessori. (DIARIO LIBRE/ ADRIANA SUELS)

Vicente relata que hay mucho emprendedurismo para preescolar, para alfabetizar, para matemáticas y niños con necesidades especiales.

Pone como ejemplo a una maestra de Santiago que montó en su casa unos talleres vespertinos. Le dijo: “Profe, gano más con siete niños por las tardes en mi casa que lo que ganaba en el colegio”.

Por otro lado, anualmente llegan unas 30 personas, pero no todas se gradúan, porque la formación es muy fuerte. El nivel educativo de algunos profesionales también es bajo, detalla Vicente.

Muy, muy caro

El verdadero Montessori es costosísimo. Por ejemplo, el Preescolar Montessori cuesta unos 300,000 pesos por año escolar.

“Somos baratos. En Estados Unidos cuesta 20, 30, 15 mil dólares. Esta escuela es una de las más costosas de los preescolares. Pero no es porque nosotros queremos. Ahora, aquí no falta un pincho. Poner los materiales en un salón de clase, conlleva un promedio de 30,000 dólares cada salón”, afirma Ana Magaly Abreu.

El Preescolar Montessori cuenta con hasta cuatro guías por salón de clases, una de ellas bilingüe. “Conocemos escuelitas de niños de muy bajos recursos que entrenan a sus maestras aquí. Uno les ayuda lo más que puede, pero en cualquier parte del mundo es costoso. El material se hace en Holanda y lo venden en Estados Unidos”, explican sus rectoras.

Uno de los centros consultados tiene una mensualidad de 9,000 pesos en modalidad español, hasta la 1:00 p. m., y de 11,500 pesos en modalidad bilingüe. Hasta las 6:00 p. m., sin incluir almuerzo, serían 12,700 y 15,000 pesos con una hora de inglés. Otro cobra cada mes 16,200 pesos.

Sobre el precio, las directoras de Geist opinan lo contrario.

“Es una reputación que se creó a través de los tiempos. No necesariamente es así, porque si los materiales se cuidan, no hay que cambiarlos todos los años”, afirman las docentes.

Su año escolar completo oscila entre 130 y 165,000 pesos, según el método de pago.

Psicología y educación

Pura Alexandra Martínez, directora de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, considera que, para una familia, más que preguntarse si Montessori es un buen método, vale la pena pensar si es un buen ajuste para su hijo.

“No a todos nos funcionan los mismos zapatos”, refiere.

Más que la estética del aula o la cantidad de materiales, recomienda observar cómo funciona en la práctica. Por ejemplo, con el uso real de los materiales dentro del proceso de aprendizaje o la existencia de protocolos ante señales de alerta en el desarrollo.

Antes de 2013, existían muy pocos servicios públicos para la primera infancia. Sin embargo, la directora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Cheila Valera, explica que la oferta de lugares creció, aunque no de manera equitativa en los territorios.

Para la matrícula privada fue menor que la pública. “Cada peso que se invierte en servicios de calidad para esta población genera un mayor retorno en calidad de aprendizaje e inclusión económica futura”, aconseja.

TEMAS -

Periodista y docente universitaria, creadora de la columna Negrita Come Coco. Es exbecaria Fulbright y posee una maestría de la Universidad del Sur de la Florida. Entre sus coberturas se destacan historias sobre derechos humanos, migración, género y temas del Caribe.