“Fue el mejor padre del mundo”: entre flores y velas, el recuerdo venció a la ausencia
Decenas de familias acudieron este domingo al cementerio Cristo Redentor para honrar la memoria de sus progenitores

Para muchos, el Día del Padre no comenzó con un abrazo o una llamada, sino con una visita al cementerio para honrar la memoria de sus progenitores, quienes, pese a la ausencia, siguen siendo una figura imborrable en sus vidas.
Desde tempranas horas de este domingo, el silencio del camposanto del Cristo Redentor fue interrumpido por el roce de las brochas sobre los nichos, el encendido de velas y las conversaciones en voz baja de los familiares mientras limpiaban tumbas, colocaban flores y recordaban a sus seres queridos.
Yocaira Álvarez, con voz tímida, recordó a su padre con una mezcla de nostalgia y gratitud.
“Fue el mejor padre del mundo”, dijo al contar que falleció hace tres años a causa de una insuficiencia renal, luego de casi un año de lucha contra la enfermedad.
“Fue un poco traumático porque luchó casi un año. Intentamos de todo y no se pudo”, expresó.
Al describirlo, no dudó en enumerar las cualidades que más extraña: ”Su cariño, diversión y atención”.
En la memoria
A unos cuantos metros, Sandra Leoncia llegó a la tumba de su esposo, Ramón Rojas, con quien compartió más de una década de matrimonio.
Para ella, Rojas fue un hombre bueno y su ausencia sigue sintiéndose, especialmente en una fecha dedicada a los padres.
Mientras tanto, al otro lado del camposanto, Josefina Ferrera caminaba entre los nichos para rendir homenaje a su padre, fallecido hace 12 años.
“Fue un buen padre”, manifestó al enfatizar que, aunque el tiempo ha pasado, procura regresar cada vez que puede porque considera que el recuerdo también se cultiva con la presencia.
Las escenas se repitieron durante toda la jornada en el Cristo Redentor, donde el duelo dio paso a la gratitud y al homenaje.
Los parientes demostraron que el amor por un padre no termina con la muerte, sino que permanece vivo en los recuerdos, las enseñanzas y las visitas que mantienen intacto su legado.







Ana Aybar